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La Torre, el logo de la parroquia

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Nuestra historia contada por los párrocos.

1975-Act. D. Francisco Albuixech Estarlich: Reflexiones para reconstruir la historia de la Parroquia San Pedro.

En el año 1972, terminados mis estudios teológicos, dejo definitivamente Salamanca para incorporarme a la Diócesis de Valencia. Ordenado sacerdote el 25 de mayo de ese mismo año, antes de finalizar el curso de pastoral, me ofrecieron venir a Puerto de Sagunto de coadjutor a la parroquia de Begoña, cuyo párroco era D. Antonio Duato.

Si me preguntáis por qué me decidí por Puerto, no sabría dar una respuesta exacta. Mi conocimiento de Puerto de Sagunto era nulo; por oídas conocía el suceso de Begoña y algo del equipo de sacerdotes. Si he de ser sincero, creo que lo que me movió a decidirme por este pueblo, fue la atracción que el equipo de sacerdotes, de ese momento, ejercía sobre mí.

A finales de agosto de 1972 me incorporé a la parroquia de Nuestra Señora de Begoña. Del equipo de sacerdotes, formado en aquel momento por Juan Camarena, José Fornés, Rafael Guinart, Padre Jaime, Juan Matoses, Sebastián Teresí, Juan Tortajada y Antonio Duato, sólo conocía a este último.

Imagen tras el encierro de obreros en el Templo

COADJUTOR DE BEGOÑA

Sin pensarlo mucho me encontré con un pueblo, con un equipo de sacerdotes bastante compacto y una parroquia totalmente desconocida para mí. Me propuse dos objetivos amplios:

  1. Conocer el equipo de sacerdotes.
  2. Conocer la realidad del pueblo, sus gentes, sus costumbres, su religiosidad.

El reto propuesto era fuerte y se necesitaba valor para abrirse camino en la conquista de esos objetivos, ya que tanto una realidad como la otra eran distintas y desconocidas para mí.

En mi estancia en Begoña intenté dar vida a la parroquia, al grupo de catequistas, formé el júnior que no existía, intenté dignificar las celebraciones, siendo respetuoso con el trato de las personas. Dificultades para realizar todo esto: algo más que en otras parroquias. Por lo reciente de la muerte del niño era difícil trabajar con la gente. De suyo, las persona en esta población son muy anticlericales y si le sumamos el acontecimiento podéis haceros una idea del ambiente y de la situación de la parroquia en ese momento.

De mi estancia en Begoña destaco dos hechos que no he podido olvidar:

  1. Recién llegado a la parroquia todas las tardes se manifestaban un pequeño número de personas contra el cierre y el despido de los trabajadores de Menera. El impacto fue fuerte, observé que siempre eran los mismos, el pueblo era espectador de ese suceso diario. Durante un tiempo, todas las tardes lo mismo. El final de esta dramática situación: el cierre de la empresa y el despido de los trabajadores. Mi pregunta en ese momento: ¿por qué no participaba el pueblo en la lucha?. No entendía ese comportamiento. Después de años he comprendido que era lógica esa actuación.
  2. El Arzobispo D. José María García Lahiguera, decide realizar la Visita Pastoral en el año 1973. Se establece un diálogo entre el Arzobispado y el equipo sacerdotal de Puerto. El Equipo considera que la visita pastoral de un obispo a sus sacerdotes y fieles, en esos momentos, debe llevarse a cabo con espíritu diferente. La visita Pastoral de un obispo debería ser como el padre que se acerca para conocer a sus hijos, sus trabajos, sus debilidades, para alentarlos y aconsejarles. Puerto era una realidad única en la Diócesis, con unas características históricas, sociales, políticas y de educación muy peculiares; de ahí que los sacerdotes pidieran un diálogo con el equipo de Gobierno de la Diócesis. En ningún momento el equipo sacerdotal se opuso a la Visita Pastoral, sí a la forma de realizarla en aquella época.

Estos dos acontecimientos, muy seguidos uno del otro y mi sacerdocio recién estrenado, (no llevaba un año de sacerdote), ayudaron a situarme en el contexto en el que me había comprometido. Comprendí la eficacia del trabajo en equipo en una población como ésta, la madurez y la serenidad de los sacerdotes, también entendí la respuesta de un sector de la Iglesia... tan lamentable por no comprender a sus sacerdotes... Me sentí muy orgulloso de estar entre estos curas, aprendí mucho y en ningún momento dejé de amar a la Iglesia, seguí amándola más... Mi sacerdocio se fortaleció mucho y mi experiencia fue muy rica.

Imagen excursión de catequesis

PÁRROCO DE SAN PEDRO

José Fornés, párroco de San Pedro, comunica al Equipo sacerdotal su decisión de dejar la parroquia, se marcha a Valencia a la comunidad parroquial de San Mauro. Pide al Equipo que piense en la persona adecuada para sustituirle y presentar la alternativa al Sr. Arzobispo. Se estudia la situación y se me propone como párroco de San Pedro Apóstol.

Mi traslado de Begoña a San Pedro fue muy sencillo. El último sábado de Enero de 1975, en la misa de ocho de la tarde, concelebramos el cura saliente y el entrante. Don José se despidió de manera sencilla pero elegante de los feligreses y él mismo me presentó como el nuevo cura. De este acontecimiento me queda el grato recuerdo de haber concelebrado con un amigo y la sorpresa de haber oído, a la salida del templo, el comentario irritado de un feligrés: Seguimos igual, no hemos cambiado.

Ser párroco de San Pedro para mí suponía un nuevo reto, pues San Pedro, era un punto clave en el desarrollo de la pastoral conjunta.

El esfuerzo meritorio de años de D. José Fornés de adaptar la parroquia al Concilio Vaticano II, le llevó a pasar por situaciones difíciles, pero su claridad, su constancia y su fe hicieron posible la adaptación a las nuevas directrices Conciliares.

Me encontré con una parroquia preparada para hacer realidad el espíritu del Concilio.

¿Qué hacer?, ¿por dónde empezar?... Objetivos propuestos a conseguir:

  • Que la Parroquia sea una Comunidad de comunidades.
  • Que la Parroquia esté abierta a las inquietudes del barrio y de Puerto.
  • Formar cristianos que vivan su compromiso evangélico con sentido crítico.
  • Que el Equipo sacerdotal siga unido.

En todos mis años de responsable de la Parroquia de San Pedro, he tenido y sigo teniendo presente estos objetivos.

Mi presencia de párroco, la distribuyo en las siguientes etapas, y de ellas resalto los acontecimientos más importantes:

  1. Desde finales de enero de 1975 hasta la marcha de D. Sebastián Teresí, párroco de San José, en mayo de 1977.
  2. Desde julio de 1977 hasta la Visita Pastoral que realizó el Obispo Auxiliar de Valencia D. Jesús Pía en junio de 1978.
  3. Desde 1978 hasta nuestros días.
Imagen de comuniones en el Campo

PRIMERA ETAPA

En ella, dos acontecimientos importantes sucedieron para la vida eclesial de la Parroquia y de todo el Puerto.

Para ilustrar el primero reproduzco la noticia que publicó el diario Las Provincias.

ORDEN PUBLICO

SANCIÓN GUBERNATIVA A TRES SACERDOTES DEL PUERTO DE SAGUNTO VALENCIA.

(De nuestra redacción.)

Tres sacerdotes del Puerto de Sagunto han sido sancionados gubernativamente con 300.000, 200.000 y 150.000 pesetas respectivamente.

Los multados son Sebastián Teresí, párroco de San José, y Francisco Albuixech, párroco de San Pedro, así como Antonio Duato, párroco de Nuestra Señora de Begoña. Según nuestras noticias, los dos primeros, en domingos anteriores al 12 de octubre, durante las celebraciones Eucarísticas e incluso en sus homilías pronunciaron frases y vertieron ideas que han sido consideradas como punibles, así como el mismo día 12 de octubre repartieron a sus feligreses copias de la homilía de monseñor Infesta y el párroco de San José además distribuyó copias del fragmento del primer discurso del Papa referente a España.

El último de los tres sacerdotes citados, los días 18 y 19 de octubre, dedicó su homilía al tema de la competencia de la Iglesia para enjuiciar, desde un punto de vista moral, los asuntos políticos, adhiriéndose en ella a los conceptos vertidos por monseñor Iniesta en su antedicha homilía. Ante estas sanciones, los sacerdotes, como se sabe, pueden recurrir pagando un tercio y certificando pobreza, o no pagando y cuando se cumpla el plazo cubriendo la deuda con el llamado arresto sustitutivo.

Jueves 6 de Noviembre de 1975 (Pag. 14) Las Provincias

Imagen del Templo decorado para la Vigilia Pascual

La convicción de los que formábamos el Equipo sacerdotal fue, desde un primer momento, la de rehusar la presentación de recurso o pliego de descargos, ante las autoridades gubernativas, por considerar que los cargos dirigidos contra D. Sebastián Teresí y Francisco Albuixech escapaban a la competencia de la autoridad civil. Recurrir en este caso concreto, hubiera supuesto para nuestra conciencia el aceptar la veracidad de los cargos, cuando desde un principio actuamos únicamente movidos por el cumplimiento de un deber sacerdotal.

Al no hacer el recurso legal, tan sólo quisimos expresar nuestra convicción personal, basada en la confianza de las Bienaventuranzas, y así se lo expresamos el mismo día que finalizaba el plazo para la presentación de recurso, al Arzobispo, José María García Lahiguera en este telegrama:

ANTE INJUSTOS CARGOS CONDENATORIOS, RENUNCIAMOS DEFENSA, PRIVILEGIOS. CONFIAMOS PROVIDENCIA. SOPORTAREMOS INJUSTICIAS

Tampoco aspirábamos a presentarnos como unos mártires, ni pretendíamos el prestigio que suelen adquirir los condenados por éstos o semejantes motivos en determinados sectores.

Aún valorando el sufrimiento y la incomprensión que conlleva la predicación y la afirmación del evangelio, hemos de confesar, también, que en aquel momento sentimos miedo pues un futuro de cárcel no era nada halagüeño.

Fueron momentos difíciles, duros y de prueba para todos nosotros, ninguno buscábamos ser protagonistas de nada, sólo nos movía nuestra Fe. No fuimos comprendidos por nadie, unos nos tildaron de una cosa y otros de otra, lo cierto y más doloroso es que ni la misma Jerarquía eclesial nos comprendió. Nuestros feligreses tampoco nos comprendieron en ese momento, una mayoría pensaba que éramos comunistas. Nos quedamos solos. Creo que la historia, en su día, hará justicia.

El otro acontecimiento fue el 21 de mayo de 1976, cuando se produjo el encierro de 300 obreros de la Sección de Laminación en Frió de la IV Planta Siderúrgica del Mediterráneo. En esta ocasión sí hubo respuesta por parte de los feligreses y del pueblo en general. La Iglesia del Puerto sí supo estar en esos momentos con el sentir del pueblo.

Quiero destacar en esta primera etapa la abundante actividad pastoral en lo referente a la catequesis infantil con la creación de la Escuela de Catequistas en el curso 1975-76, impensable, en aquel momento, para muchas parroquias. Con gran ilusión y esperanza, comenzó a funcionar la Comunidad-Escuela de catequistas, idea que surgió de un grupo de cristianos que dedicaban su tiempo a la enseñanza del catecismo y educación en la Fe de los niños de nuestras parroquias.

Los primeros pasos de esta escuela se dieron con bastante miedo, debido a que los padres de los niños y cierto sector de las parroquia, se resistían al nuevo Plan de Catequesis que la reciente Comunidad-Escuela de Catequistas se había planteado:

  • Tres años de catequesis.
  • Comienzo a los 8 años.
  • Nuevos temarios.

Los objetivos de esta Escuela-Comunidad eran:

  • Ayudarnos mutuamente a tener una mejor base y a unificar criterios en la tarea de educar en la Fe a nuestros niños.
  • Formarnos a través de lecciones y cursillos de Teología, Pedagogía, Biblia, Psicología, etc...
  • Estar en continua renovación para vivir la Fe según las exigencias de nuestros tiempos y ser portadores del mensaje cristiano a nuestro mundo actual. (Porque los tiempos cambian, la sociedad cambia; la Fe y el mensaje cristiano no cambian, pero sí cambia la manera de vivirla y la manera de presentar el mensaje a la gente de hoy).
  • Celebrar juntos la Fe a través de la Eucaristía y vivirla cada día con más compromiso.
  • Formarnos en el espíritu comunitario para actuar con más eficacia en la realidad de nuestro pueblo.

Si se quería reformar la catequesis hacía falta preparar unos buenos catequistas. Todos sabemos que un buen temario en manos de un buen catequista, es una buena base para la evangelización.

En mayo de 1977 D. Sebastián deja la Parroquia de San José. De esta primera etapa, cabe destacar que estábamos muy unidos, personal y pastoralmente. Por lo que comienza para mí la segunda etapa.

Imagen de un campamento

SEGUNDA ETAPA

Comienza una nueva etapa para la Iglesia de Puerto. Se incorporan nuevos sacerdotes a las parroquias de Begoña, de Jesús Obrero y de San José. El equipo sacerdotal se desmiembra sólo quedan, José Zamora, Juan Camarena y Francisco Albuixech. De esta corta etapa destacaría la Visita Pastoral de D. Jesús Pía en junio del año de 1978. Para ayudar a comprender lo que supuso esta Visita para la Iglesia de Puerto y nuestra Parroquia en aquel momento tan particular se adjunta la copia del acta de la reunión de todo el clero de Puerto, con el Obispo Auxiliar.

Se pasa de una época de pastoral interparroquial a una demasiado parroquializada.

Imagen de una charla en la conmemoración de los XX5 años del Templo

TERCERA ETAPA

En la etapa que se inicia en el curso 1978-79, mi acción pastoral se centra en la parroquia con algunos intentos de hacer algo interparroquial que en algunas ocasiones ha dado resultado, pero nunca ha cuajado en un Proyecto Pastoral Común.

En aquel entonces la parroquia no tenía junior, ni grupo de catequistas. Los que daban la catequesis, en esos años, eran jóvenes con buena voluntad, pero sin formación religiosa específica, de ahí que vinieron las lluvias, soplaron los vientos y esa buena voluntad se diluyó.

La Escuela-Comunidad de Catequistas lucha y se defiende por seguir adelante. En este curso 78-79 se programa un trienio de Cristología dado por Antonio Andrés, sacerdote obrero del Barrio del Cristo de Valencia. En un primer curso participa mucha gente, los dos cursos siguientes ya no tienen tanta aceptación, lo van dejando, no les gusta su forma de hablar, ni tampoco su visión de Iglesia, a pesar de todo un número considerable de fieles completó los tres cursos. Estos cursos fueron un gran acierto para algunas parroquias e hicieron mucho bien a los seglares.

Después surgió algún que otro proyecto de pastoral interparroquial, pero poco a poco cada uno se ha encerrado más en la actividad pastoral de su parroquia.

Llega un momento fecundo y rico en proyectos pastorales a la parroquia de San Pedro. Algunos objetivos empiezan a cumplirse. Aparecen los primeros frutos.

Partimos del curso 79-80, con las confirmaciones en la parroquia, hasta esa fecha en los años anteriores no habíamos tenido confirmaciones. La semilla sembrada durante estos años empieza a brotar.

Podríamos recordar el primer campamento en Zagra, segundo en Morella, tercero en Frías de Albarracín... Con mucha dificultad se va consolidando la actividad de los campamentos. Hoy es una realidad en la parroquia. Verano tras verano vemos como los monitores van respondiendo a las necesidades de los juniors y juveniles. La actividad campamental en estos años se asegura y se afianza constituyendo, en este momento, uno de los pilares fundamentales de la evangelización de la parroquia. El proceso iniciado en Zagra no solo ha continuado, sino que hoy podemos asegurar que valió y vale la pena.

El grupo de niños y niñas, con los que se inició la reforma de la catequesis, hoy son los que van creando escuela en la parroquia y formando a otros jóvenes.

En toda esta etapa, la más larga de mi presencia como sacerdote en San Pedro, hemos pasado por momentos buenos, menos buenos y hasta difíciles, pero siempre hemos seguido caminando. Hoy es una realidad que los objetivos propuestos en el año 1975, en el curso 91-92, la Comunidad Joven los ha hecho suyos. En el grupo de jóvenes de la parroquia hay un deseo de ser Comunidad, de abrirse más a la sociedad, de conectar con el resto de los grupos de Puerto, con las otras parroquias. Perciben que el momento no debe ser muy propicio para plantear proyectos interparroquiales, encontrando muchos obstáculos cuando intentan entrar en dialogo con los grupos de otras parroquias...

Existe en ellos el compromiso a dar respuesta a la pastoral de nuestra parroquia. Se van consolidando proyectos, se han abierto las ventanas de la parroquia y ha entrado aire fresco, nuevo, renovador, parece que el aliento del Espíritu sople fuerte y rompa muchas barreras y levante nuevas ilusiones; se empieza a crear nuevos campos de pastoral, nuevas acciones, se sale a la calle y se entra en diálogo con el mundo. La Comunidad Joven es ya una realidad en nuestra parroquia. Creo que se está construyendo no sobre arena, sino en terreno firme, sabe a donde va, lo que quiere y como conseguirlo. Recemos para que siga entrando la frescura del Espíritu.

Los proyectos se ponen en marcha; es difícil mencionar toda la actividad pastoral que se esta llevando en estos momentos, basta recordar las celebraciones de los tiempos litúrgicos donde la temperatura, cada año sube más; es una gozada celebrar las Navidades y la Pascua en San Pedro. Dificultades las hemos tenido y las seguiremos teniendo, sería utópico pensar que todo funciona de maravilla. Al pararme a pensar, reflexionar sobre estos años me han venido a la memoria muchos nombres y me he hecho esta pregunta, ¿dónde están ahora?, ¿qué ha sido de ellos?, ¿dónde han quedado tan buenos propósitos?... Todas estas preguntas y otras muchas más me dicen que no todo ha sido tan fácil, que para llegar a donde estamos ahora, ha hecho falta sufrir y pasar mucho, momentos de tensión como cualquier grupo humano, momentos de abandono, de volver a empezar otra vez... pero aquí está hoy la Comunidad Joven trabajando con ilusión... ¿El mañana como será?... No cerremos las ventanas, ni apaguemos el pábilo vacilante...

El grupo de Caritas también es una realidad en nuestra parroquia, con espíritu callado y silencioso realiza su tarea pastoral. Sin él no hubiera sido posible muchas acciones pastorales que se están realizando en estos momentos. Este voluntariado de Caritas también colabora en el Almacén de Bajos Costos que funciona, en estos momentos, interparroquialmente. Este almacén ha sido un gran acierto para Puerto y para nuestro barrio, pues semana tras semana, atiende a todas las familias sin distinción de ideologías o creencias, sólo se mira atender a la persona necesitada. Nuestra Caritas se reúne quincenalmente en los locales de la parroquia.

Mi gran preocupación, ¿qué hacer con los miembros de la parroquia que, con buena voluntad, sólo vienen a misa?, No se...

Creo que algo va consolidándose. Algo se mueve y hace ruido en Puerto desde la parroquia de San Pedro. Hemos adquirido personalidad propia en nuestra forma de ser y actuar.

Imagen de la celebración de acción de gracias por la restauración del Templo

EQUIPO SACERDOTAL

No puedo olvidar, en estas reflexiones, a los sacerdotes de Puerto. Junto con Canet constituye un arciprestazgo, quizás sea el de las zonas urbanas que se presten mejor para llevar una pastoral de conjunto en nuestra diócesis de Valencia. Al estar casi todo él en una misma población, se facilita el trabajo cuando todas las parroquias tienen proyectos pastorales comunes.

Por el año 1972 en la Iglesia Española había un gran deseo por aplicar a la pastoral los textos del concilio Vaticano II. En la mayoría de los sacerdotes existía una inquietud por buscar nuevas formas de evangelización, de abrirse al mundo, a las personas...

En Puerto encontré un equipo de sacerdotes que, visto desde ahora, tenía sus limitaciones en sus métodos y planteamientos, pero pienso que era de lo bueno, por no decir de lo mejor, que se conocía en la Diócesis.

Me encontré con un equipo de sacerdotes bastante sólido en criterios y planteamientos pastorales. No me costó mucho conectar con ellos, desde el primer momento simpaticé con sus planteamientos, pronto me incorporé al quehacer pastoral del grupo.

Encontré una inquietud por transmitir a los cristianos las nuevas directrices del Concilio. Esta postura de todo el Equipo, no agradó a un sector de la Iglesia de Puerto, que reaccionó contra nosotros llevando información negativa y muy subjetiva, por cierto, al Sr. Obispo D. Jesús Pía.

Fue un tiempo difícil, amargo, para el Equipo, incomprendidos por unos y otros. En este ambiente enrarecido los sacerdotes nos encontrábamos casi prácticamente solos. En esos momentos sucedía algo similar en algunas parroquias de la Diócesis, pero aquí se notó más, dadas las características que definen a este pueblo. Se consultó a los feligreses de las parroquias sobre una forma más coherente de administrar los sacramentos en aquel momento; esto que sólo fue una consulta, los grupos más reaccionarios de las parroquias lo interpretaron como una imposición y reaccionaron contra los curas e informaron de todo esto rápidamente al Arzobispado.

Este ambiente crispado no fue obstáculo para que el Equipo funcionara. Sirvió para unirnos más. Los proyectos interparroquiales se ponen en marcha:

  • Oficina Interparroquial en un mismo local muy bien preparado, con unos días, con un horario, con una asistencia organizada y desde allí se informaba de toda la acción evangelizadora, pero sobre todo lo referente a lo sacramental. Esto que parecía tan simple, era una nueva visión de la pastoral para liberar al sacerdote de la burocracia de una oficina y disponer más tiempo para el trabajo pastoral.
  • Se proyecta el Consejo Pastoral Arciprestal.
  • Se prepara un cursillo prematrimonial cuya duración era de tres meses, terminando con una opción por parte de los novios de la forma de celebrar su sacramento del matrimonio.
  • Presencia de los sacerdotes en las manifestaciones cuando estas son reivindicativas de unas mejoras laborales para el trabajador.
  • Los salones parroquiales se ponen a disposición del pueblo.
  • Se edita un boletín informativo, que se repartía en todas las parroquias, llamado VOZ.

Toda esta actividad se programaba y revisaba en las reuniones semanales además de preparar la homilía conjunta del domingo.

Se capta algo nuevo en las parroquias, el pueblo dice estos curas son distintos, se intenta acercar el evangelio a las gentes alejadas de la Iglesia, se da mucha importancia a una evangelización misionera, se dedica menos tiempo en nuestras agendas de trabajo a lo tradicional. En el Equipo es un hecho el sentir con los grupos políticos y culturales. El Equipo de curas era considerado por el pueblo. No teníamos seglares preparados en nuestras comunidades parroquiales para vivir en esta nueva visión de la pastoral.

Los grupos más tradicionales de la población intentan destruir al Equipo de sacerdotes. Por parte del Ministerio de Información y Turismo recibimos la orden que prohibía la publicación del boletín VOZ, su lectura seguramente molestaba a algunos sectores.

Toda esta actividad produce un desgaste en todos los sentido. Empieza a desmoronarse el Equipo. A la muerte repentina del Padre Jaime, le sigue la marcha de D. José Fornés que deja la parroquia de San Pedro. Juan Matoses deja Jesús Obrero. D. Sebastián deja la de San José. Nos quedamos solo en este equipo Juan Camarera, José Zamora y yo.

Algunos se alegraron de esta separación. El trabajo de un grupo de sacerdotes ahí quedó para la historia y para el futuro del pueblo. Lo hecho, hecho está. El que quiera entender que entienda...

Con la llegada de nuevos sacerdotes se inicia una nueva etapa en la pastoral del Puerto. Los tres sacerdotes, que hemos quedado en esta población, del antiguo equipo, hemos tenido que pasar por momentos tristes y duros para nosotros, ha sido una verdadera prueba de fidelidad a la Iglesia.

No puedo dejar en el olvido a las Hermanas Trinitarias del Sanatorio, ellas con su quehacer silencioso y servicial fueron miembros de aquel equipo de trabajo. Sin ellas muchos de nuestros proyectos de entonces no se hubiesen podido realizar. Para mí ha sido muy gratificante, como sacerdote, el espacio de acogida que siempre encontramos en estos años tan difíciles.

Imagen de la salida de los obreros tras el encierro en el Templo

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[Comunidad Parroquial San Pedro. Puerto de Sagunto]