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La Torre, el logo de la parroquia

Organigrama

Nuestra historia contada por los párrocos.

1966-1975 D. José Fornés García: Notas para la historia.

LLEGADA A LA PARROQUIA SAN PEDRO

El año 1965, se jubilaba en Manises, don José Granell, quien durante seis años había sido mi Cura, en S. Juan Bautista, de Manises. En Palacio me ofrecieron la posibilidad de quedarme; de nombrarme Cura de un pueblo de la Ribera o presentarme en Puerto. Elegí Puerto de Sagunto. Sólo tenía un punto de referencia. Era un pueblo industrial y conocía a Antonio Ramil y Juan Camarena. Era suficiente.

No hice entrada, (para algunos fue una sorpresa). Dos días antes de tomar posesión conviví con don Francisco a quien acompañé en sus despedidas. Fue una buena ocasión para conocer a los feligreses significativos.

La parroquia en todas sus actividades era controlada, dirigida, y amparada por Cursillistas de Cristiandad. Adultos. Varones. Don Francisco no me presentó a ningún joven. Pudo ser un olvido.

Puerto tenía clero secular en S. José, Desamparados y S. Pedro. Los padres Paules regentaban Begoña y el Carmen; eran los capellanes de la Escuela de aprendices y el Sanatorio.

La primera impresión que recibí de los curas fue buena. Querían trabajar para la Iglesia. Las posturas no eran muy diferentes. Cada uno aplicaba sus carismas y sus saberes. Sí es cierto que no descubrí nada sorprendente. Creo que aplicaban la pastoral de siempre, ajena a las corrientes de vida no eclesial que ya se daban, pero que ellos no captaban y que iban a ser protagonistas en el futuro.

Imagen de la José Fornés en un bautizo

UN AÑO DE OBSERVACIÓN SIN CAMBIAR NADA.

En el mes de Octubre de 1965 me encuentro ante una auténtica Feria de lo apostólico. En San Pedro había de todo: Escuelas Parroquiales, Cooperativa de Confección, Cursillistas de Cristiandad, Mujeres de Acción Católica, etc... No emito juicio. Solo confieso que ese trabajo no respondía a mi estilo, ni creo que la manera de llevarlo era lo más evangélico para Puerto.

Pasé un año estudiando, observando aquella realidad tan dura para mí. Durante un año me dediqué a escuchar, sin cambiar nada, ni personas, ni tareas apostólicas. Me iba enterando de la marcha de cada uno de los acontecimientos parroquiales y sobretodo descubriendo la ideología y el espíritu de quienes protagonizaban los hechos. El único punto de referencia fiable eran dos personas Juan y Antonio y los hombres y mujeres que ellos me presentaban. Con ellos descubrí las pistas para un trabajo realmente serio en Puerto.

Los enfrentamientos con el Consejo Pastoral fueron constantes, pero no a cara descubierta. Fuimos ignorándonos. Creo que los dirigentes de la Parroquia salían cada día más decepcionados de su Cura. Observaban un desmantelamiento pero no aparecía nada nuevo. Era lógica su postura. Yo era muy consciente de lo largo, penoso e incomprendido que iba a ser el camino emprendido, pero también tenía una gran seguridad en aquella postura, la mantendría por encima de decepciones, abandonos, etc...

Entre los creyentes se dio pronto una actitud de sorpresa porque según ellos entrábamos en terreno prohibido. Para los comprometidos social y política éramos unos advenedizos dignos de toda sospecha. Nadamos pues entre la desconfianza de los parroquianos y la de los no creyentes. Solo iba a contar nuestro compromiso de palabra y de acción.

No sólo estábamos con la izquierda intelectual, política y social del momento. Desde la Fe hicimos un análisis profundo de los acontecimientos, con una proyección de futuro que sorprendió a los más avanzados en estos terrenos. Esto creó por parte de los líderes obreros alguna reticencia hacia nosotros. Sabían que nuestra información era tan válida como la suya y que nuestra capacidad de reflexión y de influencia en ambientes jóvenes y mayores era muy seria. Los acontecimientos del mundo del trabajo eran siempre motivo de reflexión desde el altar. Estábamos comprometidos con todos los hombres perseguidos por la policía, por eso el grado de confianza de los luchadores clandestinos por la justicia respecto a nosotros iba en aumento, llegó a niveles francamente buenos (No se explica que Ramiro Reig en su libro Feixistes, rojos i capellans haga afirmaciones gratuitas contradiciendo la verdad.)

Imagen en la playa

UN NUEVO TEMPLO

El nuevo templo ofreció nuevas posibilidades. Todo acontecimiento de Parroquia tenía una resonancia mayor. Los servicios que presta toda Parroquia allí tenía mayor solemnidad y naturalmente la palabra hablada llegaba a más gente. Allí se hacía referencia a los asuntos que preocupaban al Pueblo. Allí se comentaban asuntos que tenían origen en A.H.V. y llegaban a Ferroland. Escuchaban una palabra diferente, descubrían unos contenidos distintos a los de siempre. Los progresivos contactos con personas ajenas a la Iglesia, pero con influencia en Puerto; la reflexión continua sobre el hacer de cada día y el estudio en profundidad de la Palabra de Dios, ofrecía la novedad. El Evangelio era noticia.


EL MOVIMIENTO JUNIOR

El Junior dio una alegría inmensa a la Parroquia. Creo que por primera vez los responsables en una tarea de la Iglesia tenían la capacidad de independencia necesaria para llevar adelante su misión. Junto a los niños se fue gestando el nacimiento de un grupo de jóvenes que fueron después personas de responsabilidad y con gran capacidad de iniciativa en sus respectivas profesiones. En ellos se apoyó la Parroquia, en su tarea educativa de cara a los niños.

La Liturgia de la Parroquia tenía en los responsables del Junior una plataforma de lanzamiento increíble. Tenían creatividad, lucidez y gracia. Igual preparábamos una Nochebuena, una obra de teatro o eran protagonistas en Semana Santa.

Fue una época larga y gloriosa.

Imagen de José Fornés con niños

NACE EL EQUIPO SACERDOTAL

La relación entre los sacerdotes seculares no fue excesivamente difícil. Conectar con los padres Paules de Begoña y el Carmen se presentaba mucho más duro. El Equipo pretendía algo muy sencillo y necesario para Puerto. Necesitábamos conocernos, coordinar nuestra predicación de la Palabra y nuestra pastoral.

La reunión semanal fue el inicio de nuestro empezar a caminar en una dirección más o menos. En ella preparábamos la homilía del domingo. Presentábamos cuestiones planteadas en distintas parroquias. Se consultaban problemas. En definitiva íbamos aportando luz a los asuntos del pueblo, conseguíamos conocernos más y compartir sentimientos.

El Equipo fue una creación fundamental en nuestro trabajo.

El Equipo sacerdotal de Puerto fue conocido en la Diócesis, pero su ejemplo no fue seguido. Se necesitaba mucha categoría para conseguirlo, resultó mucho más fácil hablar de equipo sacerdotal en torno a una meditación, una información y una comida, que hacer un trabajo de reflexión y compromiso. Dimos a conocer nuestro trabajo en una reunión Diocesana.

Frutos de ese trabajo fueron:

  • La creación de una Oficina Interparroquial, con todo lo que eso suponía de renuncia a poderes clericales.
  • Boletín VOZ.
  • El despacho laborista de la calle Palmereta.

La entereza y dignidad con el que se llevó el asunto del niño de Begoña (Uno de los días más tristes de mi vida).

Creo que los curas dimos un testimonio ante los hombres y ante la Iglesia de sensatez, eficacia y sentido evangélico.


PUNTO Y FINAL

Los cristianos de siempre tomaron dos actitudes: Unos comprendieron que les había tocado ese Cura y que tenían que aguantar. Los más nerviosos se vieron perdidos y al no encontrar en su Iglesia su refugio empezaron a patalear y actuar con poca inteligencia (cosa normal en ellos) y con una falta de educación notable. Sus acciones tenían más carga política que religiosa. Toda esa rabia contenida explotó en un ataque a mi persona y lo hicieron con palabras de resentidos, con un estilo bajo y vulgar. Aparecieron pegatinas en contra del Cura de San Pedro. Las calumnias salieron en este orden:

  • Se preguntaban que se había hecho con el dinero de la venta de unos metros del Cine a los hermanos Conesa (Las cuentas no las llevaba yo).
  • Se advertía a los maridos que las mujeres peligraban ante el Cura.
  • Denunciaron que el Cura trabajaba con un sindicato clandestino.

Les molestó la verdad, les indignó la comprensión manifestada por hombres de Iglesia; les ofendió el estilo.

No contentos con las pegatinas y panfletos callejeros, fundaron Eco, intento de contrarrestar a VOZ. En todas estas jugarretas hay mucha anécdota de mal gusto, que es mejor no recordar.

Pienso que el trabajo realizado por todos los cristianos responsables durante unos años en San Pedro fue un trabajo serio, en el que no se dio nunca la espontaneidad, ni la respuesta enfadada, ni las malas maneras. Fue un trabajo con una profunda reflexión, con estudio, con conocimiento de la Teología y la Pastoral y con gran acierto en su aplicación a los hombres concretos que conocimos y a los acontecimientos que se dieron. La Iglesia respondía con su mensaje de salvación a la realidad. Hubo una gran disponibilidad evangélica. Una entrega en la que no acumulamos méritos para el ascenso en la carrera sacerdotal. Deje nueve años y cuatro meses de mi vida y tuve que empezar de nuevo, totalmente de nuevo, en Valencia.

He dicho esto último sin amargura, porque soy un hombre feliz y todo lo que hice ahí fue por amor a los hombres y en nombre del Señor Jesús.

Imagen de primeras comuniones

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[Comunidad Parroquial San Pedro. Puerto de Sagunto]